Y ahora, a la puerta de una alergía salgo, de la alberca sin poder respirar y con lágrimas. Es como despedirse de un amor, de esos verdaderos. Con un lamento profundo y un reprochito en voz baja: desaprovechaste tantos años. Tonta, tonta.
Y creo que entiendo algunas cosas, así se debe sentir el diabético amante de los dulces, o mi madre sin poder caminar, las de senos hermosos con el cáncer de mama. Ya ven que es lugar común y hasta chocante, mezcla de resignación y sabiduría.
Como dice mi amigo, me quedan los ríos y las lagunas.
Aunque yo sea de una ciudad sin mar.
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