jueves, 23 de junio de 2016

La angustia

Lo único que nos salva de nosotros son los otros.

Por eso cuando uno está con un buen amigo todo es más sencillo. Aunque los buenos amigos sean efímeros.

Nunca he tenido miedo de envejecer,  disfruto del paso del tiempo, sin embargo, hace unos días estuve con tres chavos más jóvenes que yo, son mochileros y desde hace año y medio andan viajando. Al escucharlos me escuché, o escuché a la que era hace algunos años y qué ganas de volver a lo de entonces.

Pienso en mis amigos y en lo mucho que hemos cambiado, en las preocupaciones actuales, las tareas que llenan nuestros días: una colección de tristezas.

No es idealización, lo aseguro, es más bien un descubrimiento: la vida era más simple aferrados a dos o tres verdades.

Ahora, no entiendo exactamente quién soy, acaso nunca lo he sabido.

¿Por qué soy así? Por qué necesito siempre de una nueva configuración, de un cambio, por qué ansio que las cosas empiecen sólo para enseguida pedir que terminen.

¿Es esto la vida?

¿La inconformidad?

martes, 24 de mayo de 2016

Rodeo

Quiero volver a comer chicharrón prensado y saborear la grasa de la gordita. Oler la cebolla y el cilantro y echarle salsa a todo. Sentirme grande una vez más sólo porque camino a lado de alguien grandote que me tiende la mano y me señala el horizonte.

Quiero aprender a mirar las nubes como tú las miras, buscando forma.

Y quiero replantear lo que he pensando y la que he sido.

A veces cuesta tanto comprender ciertas cosas, aprender a mirar con más calma o incluso con las ganas de ver. A veces también duele ver y por eso, en un intento de escapar de uno mismo los ojos se cierran a la vida.

Yendo al grano quiero agradecer a todo, a todos, gritarles que los quiero y que han sido en esta vida alimento, cobija y también, no esta mal decirlo, verdugos.

Verdugos disfrazados de sus propios miedos pero siempre con aire familiar.

Quiero volver una y otra vez a probar de lo mismo y sorprenderme que siendo igual, cada cosa pueda saber distinto.

domingo, 22 de mayo de 2016

Un regreso

Ahora vivo a una cuadra del mar, mi vida a cambiado bastante. Dejé la Ciudad Monstruo, empaqué lo indispensable. Cuando llegué vi que, como le dije a Pepe, faltaba todo y a la vez no faltaba nada.

Mi familia me despidió, mis sobrinas cantaron, una de ellas deseó que Roko tuviera muchos hijitos. Ese día bailamos todos o casi todos, fue una fiesta linda, como las que soñaba cuando era niña. Había alegría en mi familia y todos me apapacharon y me desearon suerte.

Este año me largué del antiguo trabajo, un espacio que de sólo de recordar me produce malestar. Pero nunca más.

Dejar la gran ciudad ha sido quizá de las cosas más grandes que he realizado. Estos meses no ha habido tregua, cada día hay trabajo de varios tipos. Vivo en un pueblo, no conozco a casi nadie, todavía no he podido hacer amigos y estoy muy lejos de mi familia, con todo, estoy contenta.

También he conocido la soledad en otra variante: cuando es de a deveras.

Quiero escribir sobre esto porque siento que estas cosas que vivo me están cambiando. Es como ponerse unos lentes que te permiten ver todo distinto. Así me siento.

Mi primera reacción al pisar este suelo fue el retroceso, volver a la vida que conozco y que con todo no era más fácil, y no lo era porque me costaba trabajo levantarme a sabiendas de que iba a un lugar para hacerla de zombie, con compañeros haciendo otro tanto. Otro tonto.

Dice la canción de Manu que nada es para siempre, seguro tampoco esto, pero el simple hecho de cambiar, de largarse de un sitio en el que no se está a gusto y dirigir la mirada hacia algo más, ha sido bueno.

Me fui para volver. 


miércoles, 9 de diciembre de 2015

Depende...

"Depende de cómo te portes"

Me dijo la señora Lupita que es quién hace la limpieza en la oficina.

Ayer fue su cumpleaños o mejor dicho, su santo. Dice que le regalaron varias rebanadas de pastel y que muchos la felicitaron y le dieron regalos.

- Le fue bien
- Depende de cómo te portes - Me contestó

Y me quedé pensando en eso.

Al principio asentí pero ¿qué significará esa frase para ella?

Los trabajadores que hacen la limpieza son los que tienen las peores condiciones de trabajo, vienen desde las 7 y se quedan hasta las 21 horas; no tienen una horario asignado para comer;  a final de quincena siempre se quejan porque no les pagaron a tiempo; tienen algunos días de vacaciones, creo que van de 5 a 10 dependiendo de la antigüedad; y además ganan lo indispensable para vivir al día.

Ellos deben tener mucho cuidado con la gente. Sobretodo con los que tienen más poder, no importa si éste es real o ficticio. Atendiendo a este cuidado, he notado como Lupita hace distinciones entre los que se visten más Godínez que otros, porque la ropa distingue y clasifica. Se nos nota la pobreza por la ropa que usamos pero sobretodo por el trato hacia los otros y estamos entrenados para distinguir eso.

Lupita hace las siguientes distinciones:
 
Para ella, yo soy la Abril, mi amiga es la Martha y en general, si eres no tan vieja, estás en determinada zona del piso tu nombre siempre lo acompaña con un "la". En cambio mi jefa y muchas otras encopetadas son las maestras.

Lupita sabe que puede llegar a mi lugar a sentarse y tomar un respiro de sus actividades y también sabe que no debe y no puede hacerlo en el lugar de algún "maestr@".

Ella evita a toda costa un desencuentro con las maestras, siempre las atiende primero y hace la limpieza cuando no están cerca. Es de ellas de quien más se cuida.

Las maestras fueron en su mayoría las que le regalaron algo en su santo. Las otras le hemos dado, cuando hemos podido o lo recordamos, una ayuda por lavar nuestra taza, por navidad o para apoyarla durante la enfermedad de su marido. En esos momentos complicados ella sabe con quienes puede contar pero paradójicamente decide anteponer a las maestras en diversas situaciones. 

Si ella no hiciera esas distinciones, si se limitara a cumplir con su trabajo o incluso hiciera amistad solamente con quien ella se siente más a gusto, eso no sería portarse bien y entonces adiós rebanadas de pastel.

Las maestras la aprecian, si es que a eso se pueda llamar aprecio, porque Lupita acepta su lugar y a su vez les da el lugar que ellas sienten que merecen. Eso quiere decir portarse bien.

Es algo bien triste eso de aceptar el lugar que los otros te quieren dar de acuerdo a tu ropa o a que tanto dinero o cosas tienes.

Esa actitud se mama todos los días, en todo momento y luego se tapa con frases que se supone deben  hacer más llevadera la humillación y la injusticia.

Esa injusticia que nos hacemos a nosotros mismos.

martes, 1 de diciembre de 2015

Los normalistas

Tampoco conocí a los normalistas que desapareció el narcogobierno.

Sin embargo, los he visto desde hace años en las marchas, venidos de muchos lugares de México. Muchachos de piel morena con mantas enormes, a veces muy formaditos en sus contingentes y otras más bien festivos y sonrientes, gritando consignas.

Ayer escuché a un locutor decir que las normales no son semillero de guerrilleros, como si, en caso de ser cierto, eso demeritara en algo a las escuelas. Pensé qué aquel locutor expresa la idiotez cotidiana, no sólo de México sino del mundo. En contraparte se puede decir que actualmente miles de escuelas en el país son semillero de mano de obra barata y de futuros trabajadores mediocres o desempleados pero esto no le preocupa a nadie. Ni siquiera a los padres.

Están matando mucha gente en nuestro país, gente valiosa que trabaja, que piensa y que por lo menos tiene el coraje para hablar que ya es mucho cuando ser agachón es premiado a todos los niveles.
Recuerdo cuando los jóvenes del CCH tomábamos los camiones para ir a las marchas. Jamás pensamos que eso ameritará arrancarnos el rostro o desaparecernos. Y todavía hay quien lo justifica y dice: “¿Pues qué andaban haciendo esos muchachos?” 

¿Se debe escupir en la cara a quien opina así? ¿O llorar por la perfecta idiotez de esa persona?

Puestos a prueba, estamos quedando los más cobardes y duele decirlo.
Acá somos cómplices todos y los cómplices no pueden decir que no sabían. Porque de sobra sabemos.
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viernes, 27 de noviembre de 2015

Foto literaria IX

Fue un niño temeroso de Dios. Cuando le dijeron que Dios todo lo ve, sus ojos crecieron desorbitadamente. Le parecía espantoso no tener un escondite. Cuando se tocaba, ahí estaba Dios, cuando iba al baño y tenía diarrea también estaba y así en cada momento de su vida. Si le gustaba una niña, si en silencio decía groserías, si una persona le parecía horripilante, etcétera. De pronto el mundo era pequeño y Luis era un gusano al que Dios observaba, lo peor era que se lo imaginaba reprobando todo lo que él hacía. Luis no era bueno casi nunca, sus acciones buenas o malas siempre eran motivadas por un interés. Él era así y lo sabía, por eso cuando imaginaba a Dios siguiéndolo se sentía culpable. Culpable de ser él.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Érase que se era

Hoy que escuché la canción de Silvio Érase que se era, me acordé que en otro tiempo fui del CCH. Pude pensar en Voz, que ha permanecido como un tabú en mi vida,  sólo puedo recordarlo un breve instante, como si hacerlo fuera un pecado.

Siempre imaginaba a otra gente al oír la canción, pero hoy vi que la imagen de fondo somos él y yo a los 17 años, con la vida nueva que todo adolescente tiene. Con mis libros de poesía, con mis brackets, con mi nuevo corte de cabello, con las ganas de dar algo, con el miedo de encontrar lo que buscaba. 

Estoy con él y me sube a sus pies, bailamos. Estoy con él y quiere tocar mis nalgas y yo lo detengo. Estoy con él acostada sintiendo algo que no es un orgasmo pero se le parece. 

Nuestra historia fue hermosa.

Ese amor era algo bueno y había que ser tonto para no saberlo. Si los padres no importan y la única certeza es la cara de un hombre, sus sueños, sus ideales, en esa época de ideales. Aquello no era algo cotidiano. Ese amor daba valor, el valor de ser la mujer.

Esta canción va por él y su recuerdo, por sus palabras, por lo que tomó de tal o cual autor o tal y cual actor para mostrarme algo, una cosa parecida al cariño, a la desesperación y la imposibilidad. Faltaba casi el doble de años para un amor que de tan grande y tremendo daba miedo. Miedo de no conocer a otros, a otras, miedo de estacionarse y dejarse avasallar por ese amor que no podía, que no debía ser tan bueno. No todavía, era poca edad y siempre hace falta vivir.

Y sin embargo, sí era, era amor del que desespera, del que hace llorar, del que promete y alimenta, del que podría hacer pasar hambre y dolor, un amor joven y lleno de sueños. No sé si hablar de pureza porque no es la palabra que busco pero se acerca a lo que quiero describir: aquello era la fantasía de ser la mujer que el otro quiere, tener la sospecha de que sí sé es. Cuando él estaba preso le regalé un cuaderno con escritos míos, en el que le decía: como quisiera ser esa mujer, pero no soy.

Sí eres, me diría meses después, en una nueva libreta ahora con escritos de él, llena de esa sospecha, de ese presentimiento de que algo se perdió. Algo que importaba.

Sí eras, diría años después. Yo ya no era y por tanto él tampoco, nos habíamos dejado, sin vuelta. En ese tiempo de estar juntos hubiéramos podido agotar, exprimir esto de los corazones, casarnos, hacer el amor hasta el hartazgo y quizá luego pensar que no éramos. Que siempre no.

¿Cuál es la diferencia ahora? 

A la par de ésta existen miles de historias. Decir, por ejemplo, que aprendimos a amar, que aquello sigue, que el hartazgo no es necesariamente EL final. 

Este hombre me dijo algo al oído, algo mío, de mí, no es broma, tengo el valor para defender lo que me gusta, para amar.


Una sól@ se queda con su historia, con la posibilidad de contarla e incluso cambiarle el final.









 

Don Moi

No lo conocí.
 
Cuando alguien muere se va con él la riqueza de sus creaciones y los que quedamos nos perdemos de un pedazo de mundo. Algunas de éstas pérdidas, precipitadas y atroces, son invaluables. 

Asesinaron a Don Moi. Y tal vez por haber probado el mezcal que él preparó su muerte me está doliendo.

Porque miro alrededor y parece que todo ésta tranquilo, se puede vivir, nos podemos seguir quejando del tráfico, de los jefes, de la escuela, de todo. 

Pero no ver que esto está aquí al lado de una, es estar ciega.

Es ser cómplice de la impunidad.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Lalo




Ir con Lalo me hace bien.

Siempre salgo con una sonrisa y un deseo que no me atrevo a decir en voz alta: que esto no acabe. Por qué sé que va a terminar como pasó con la danza y el náhuatl. Pero todavía no. 

Él es de los mejores maestros que he tenido, me enseña un lenguaje nuevo con las manos y todas las clases son como participar en un concierto. Veo de cerquita al cantante que se deja ser en el escenario.

Si hubiera conocido a Lalo antes que al matemático, sin duda me hubiera dedicado a la música.

Yo quiero ser como él, no de grande, que ya estoy lo suficiente. Quiero ser como él en este momento.

 Quiero vivir en un estado de pachequez aunque no fume nada, tocando con el corazón y enseñando. Sin ponerle tanta crema a los tacos, serena, segura, en fin, sabia.

Cuando termino el día con la clase de Lalo, todo se compone, vuelve a tomar su causa y se agradece estar viva.

Gracias Lalo. En este tiempo tus canciones me salvan de mí, del mundo.

martes, 10 de noviembre de 2015

No se necesitan los viajes



Descubrió algo nuevo viajando por el mundo.
Hay quien no requiere salir de su mazmorra y simplemente
cobra certeza para hablar de la nada.

Caminó por senderos, nadó en todos los mares,
se aferró a los trenes y sus barandales,
tomó fotos, conoció muchos hombres.

Regresó a su casa muchas veces,
se inventó nuevas rutas en el mismo camino
escribió, escuchó, naufragó en internet.

Hasta que un día lo supo:
nada tiene sentido. Somos polvo de agua.
Somos terror vivido.

Con cada amanecer nos gastamos un poco
y por la tarde siempre esperamos el sueño.
Pero no hay reclamo, ni amor o veneno.

No hay quien sepa lo que tu alma guarda
aunque todos añoremos lo mismo.

Un regazo, algo que alimente
una certeza, aunque sea solo una.
Algo que no se gaste, que alguien quede.

No hay salida del mundo
no todo es maravilla
al final todo termina roto.

Basta darme un rodeo: rodeo a mí
y sé que todo acaba.
Los amaneceres nos reclaman.